sábado, 16 de julio de 2011

Sobre las mujeres y nuestra obsesión con los sapos que parecen príncipes

Tenemos un problemita. Nosotras. Las mujeres. Bah, tenemos muchos problemas pero uno en particular es común al género. Mucho más común si es que se trata de mujeres "en edad de merecer" (por no decir que estamos preparando vestiditos pa´los santos, como dirían las viejas) que, por esas vueltas de la vida... no están mereciendo. O por lo menos no merecen regularmente, con pareja estable, con el plan, el moñito, el proyecto y toda la historia. (Que no necesariamente implica que no merecen de vez en vez)
El problemita en cuestión es la necesidad (infundada) de armar pareja. O sea... no es que vamos como una persona razonable, conocemos a alguien, nos enamoramos y luego pretendemos armar un plan. No. Eso hacen las personas que no tienen problemas. Nosotras, evidentemente, no calificamos dentro de esa categoría.
Nosotras (lo querramos admitir, o no) tenemos el plan, el proyecto, el moño y todo listo, aaaaaaantes de conocerlo, aaaaaantes de enamorarnos.
Nos criaron así.
Por más que neguemos nuestro instinto romántico, cuando en la película finalmente se besan, sonreímos. Y no sonreímos por el beso en sí. Lo hacemos porque en nuestra cabeza, esa historia tiene un final feliz. Le escribimos este final feliz por todos los finales no felices que nos toca vivir.
No somos enamoradizas... estamos enamoradas del amor. QUEREMOS AMOR. Pero ahí está el queso, no queremos amor real, no no. Queremos un amor dramático, un amor de novela. Queremos que el príncipe nos encuentre y se enamore perdidamente y vivamos felices, y comamos perdices por el resto de la vida. Queremos una historia con final feliz.
Y con este objetivo en mente, nos obstinamos en vestir de príncipe a cada sapo que se nos cruza en el camino y se le ocurre hacernos ojitos. Siempre pensamos... ¡ES ÉL! ¡ES ÉL!. Y la mayoría de las veces, es simplemente un sapo más... que seguramente será un príncipe para otra... pero sólo un sapo en nuestra vida.
Y a partir de este problemita... tenemos dos reacciones diferentes.
Están las que a la primera mariposa que sienten en el estómago, se enamoran, se entregan en cuerpo y alma. Cada príncipe/sapo es vivido a pleno y periódicamente viven en un estado de éxtasis romántico, que es seguido, inexorablemente por la más absoluta depresión y decepción apenas al "príncipe" se le cae la capa y se le empieza a notar la rugosa piel verde. Este tipo de mujeres tienen el te amo ligero (no es que no sientan ellas que sea sincero, aclaro... me refiero a que el "te amo" es para ellas, más libre, más reiterado, más rápido). Llamemos a estas mujeres, mujeres clase A.
Estamos las otras. Las que reconocemos esta patología como propia... y le tenemos miedo. Cada príncipe/sapo que encontramos, es analizado exhaustivamente, convencidas de que es otro sapo más disfrazado. Las mariposas que sentimos saltándonos en nuestro estómago las ignoramos el mayor tiempo posible. Estas mujeres vivimos en un estado de lucha interna constante, entre la patología y la razón. Muy raramente soltamos un te amo, y nunca, nunca nos enamoramos. O por lo menos, no lo admitimos jamás. Llamemos a estas mujeres, de clase B.
Los pro de ser una mujer de clase A son los síntomas temporales de la patología analizada en este texto. Incluyen (pero no se limitan a) sensación de mareo y rodillas flojas, ebullición constante, lujuria descarada, estado de ensoñación y alegría. Los contra de pertenecer a esta categoría comprenden la depresión post descubrimiento, decepción, autocrítica, despecho, llanto y sufrimiento en general. Viene acompañado de un estado de cinismo respecto de las relaciones que incluye la frase, repetida hasta el hartazgo "No aprendo más".
Los pro de ser una mujer clase B incluyen tener razón muchas veces (porque siempre decimos, éste me va a cagar, de alguna manera... y siempre tenemos razón!)y autoconocimiento y establecimiento de la realidad como un parámetro en todo momento. Los contra son que raramente nos enamoramos realmente, y que cuando lo hacemos, tenemos una vocecita en la cabeza que dice constantemente, cuidado, cuidado, cuidado y que no nos deja vivir dicho enamoramiento en paz; tenemos dificultades para hablar de emociones, hasta podemos definirnos como agrias. También viene acompañado de un estado de cinismo respecto de las relaciones que incluye la frase, repetida hasta el hartazgo "No aprendo más".
El problema no tiene solución, ya que las relaciones de pareja nunca son perfectas, y sea cual sea la categoría de mujer a la que pertenezcamos, siempre vamos a comparar la historia real con el amor dramático y de novela que venimos mamando desde la cuna como modelo.
Lo ideal sería que de alguna manera nos acerquemos un poco a la otra categoría cosa de llegar a ser una clase intermedia y permitirnos el enamoramiento como algo sano y natural, y al mismo tiempo, tener los pies en la tierra.

9 comentarios:

Sofía M. dijo...

Últimamente escucho mucho de mujeres (yo incluída) que tenemos que dejar de esperar ciertas cosas, que tenemos que ser más realistas, aflojarle un toque al drama y a las fantasías románticas, etc. Escucho mujeres que se culpan porque sus relaciones fracasaron. Porque le dieron mucha pelota al sapo, porque dijeron te amo muy rápido, porque demostraron más de lo debido. Pero y los pibes? Creo que ellos ya tienen bastante información de cómo nos gustan las cosas y de lo que buscamos en el amor. ¿Por qué no intentan un poco más parecerse a un príncipe? Al final parece que sólo nosotras analizamos en qué estamos fallando. Y de ellos yo sólo escucho "Las mujeres no saben lo que quieren".

Thomas Lommío dijo...

Por un momento me vi tentado de responder el comentario de Sofi, pero pienso que así, por escrito, tengo serias probabilidades de salir perdiendo, jaja. Sólo podría discutirlo face to face donde se note que no tengo intenciones de empezar una guerra de sexos.

En cuanto a tu post, supongamos la siguiente situación: te dan una bolsa gigannnte de caramelos Sugus. Todos los caramelos son de menta, y hay UNO solo que es de frutilla. Te permiten sacar caramelos de la bolsa, pero SIN MIRAR. Estadísticamente te vas a clavar con varios Sugus de menta que te van a dejar un sabor horripilante en el paladar, pero siempre vas a tener la convicción de que un día, ese rico y dulce caramelo de frutilla, va a aparecer.

Creo que la postura tiene que ser esa: saber que vas a pasar por varios sapos, pero no decepcionarse cada vez que te tocan, y mantener la confianza y la seguridad de que el prícipe azul (o rojo, si te gusta de frutilla) existe, y por ahí está... pero no te dejan verlo antes de probarlo.

Thomas Lommío dijo...

Nota: Evidentemente a mi no me gustan los Sugus de menta y sí los de frutilla. El ejemplo también podría haber sido con muchas milanesas de berenjena y una de peceto, ponele.

Marialauchi dijo...

soy un caso perdido de mujer A. lo "bueno" (mal de mucho, consuelo de tontos) es que ambos tipos de mujeres comparten uno de los sintomas...

no somos tan diferentes...

"No aprendo más"

Dany dijo...

Se es como se es y se hace lo que se puede. El tema es intentarlo y jugarse con cualquiera de las características de ambos grupos bien descriptos por Dana. Lo peor tanto en hombres como mujeres es la parálisis que provoca el miedo. Y si nos tocan desengaños.....también nos van a tocar sueños. Un beso.

Gata Flora dijo...

Durante mucho tiempo fui la mujer de clase A, tenía el "te amo" muy lijero, me enamoraba perdidamente, de a poco se me fue yendo tanto el romance como la confianza en los hombres. Ahora me considero en gran parte una mujer de clase B. Es cierto, no aprendo más. Gracias por esta nota, me hace sentir un poco acompañada en mis quilombos mentales. Dichosas esas mujeres que saben encontrar un camino diferente al A y al B.

Mariano Zalazar dijo...

Y sobre los principes que parecen sapos??? Y como no parecen principes, qué?

(solo leí el título. XD)

A.Torrante dijo...

Y que hay de las mujeres clase C o D? Las cínicas/turras totales, que entran y salen de una relación como si fuera un zapping de varones.
Son todas víctimas? No jodamos.
Se buscan un tipo, de los buenos, que los hay. Dan lo que quieren dar y no a cuenta de y luego ven que pasa. No hay casorio? Bueno a ver qué pasa la próxima vez.
Pero el Plancito, bien guardadito. Hasta tal vez algún día se sorprendan.

Dana Eva dijo...

@Sofi... O sea... vos estás diciendo... que YO estoy bien? y que los que se equivocan son ellos??? Faaa genial!!!
@Thommas... Me encantó tu metáfora. El tema es que las que sufrimos de esta patología solemos decir (con el caramelo de menta ya en la boca) es de frutilla es de frutilla...
@Marialauchi... Mujer B, sufro la patología, pero la reconozco como enfermedad. No me enamoro. O... no, no me enamoro.
@Dani... toda la razón tiene Ud. Sr. Siempre seguir intentando, siempre para adelante. La esperanza es lo último que se pierde...
@Gata... Mal de muchos, consuelo de tontos? Sí y qué??? me la re banca un consuelo de tontos! Todas sufrimos de lo mismo loco!
@Mariano... impresentable lo suyo... decí que te quiero mucho, que si no te dejaba de hablar... jajaja
@Ato... Ud. se me enoja hombre... no se haga mala sangre che! Tiene razón en que hay minas que califican como unas turras o cínicas totales, que usan a los hombres a su antojo, confundiendo calidad humana con boludez. Obvio que las hay. El motivo por el que no las incluyo... es que en este post no clasifico a las mujeres en general, sino que clasifico a las mujeres que sufrimos de esta occcccsesión por "armar pareja" a partir de las diferentes reacciones a dicha patología.
Si hubiera de clasificar a las mujeres en general, no sólo debería incluir a las turras/cínicas totales que salen de las relaciones como salen de sus pantalones, sino también debería incluir a las resignadas, que de tanto miedo al rechazo y al corazón roto, jamás salen al mundo, entre otras...
No se me enoje... mire que cuando se ríe la gente es mucho más linda... Lo leí en un blog por ahí... fíjese fíjese...

Un beso a todos, gracias por pasarse...